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Me decidí a crear este ciclo de conferencias, porque veo que los niños y jóvenes, estamos tan absorbidos por las nuevas tecnologías y por la televisión basura, que se está perdiendo el concepto de lo que hasta ahora los adultos han considerado normal, y que en realidad no se debería perder, porque el tiempo que perdamos ahora en cosas banales y sin fundamento, nos va a ser muy difícil recuperarlo en el futuro.

Después de mucho trabajo, he conseguido darle forma para que resultara interesante, tanto a personas de mi generación; adolescentes y jóvenes, pero también a aquellos que luchan diariamente con nosotros, como son nuestros padres y profesores. Y por supuesto, a aquellos responsables políticos que tienen el deber de difundir y apoyar las ideas constructivas y beneficiosas para la comunidad.

A través de mi experiencia, quiero demostrarles, que si quieres algo se puede conseguir, eso sí; con esfuerzo, sacrificio, trabajo, disciplina y mucha paciencia.

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"Dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás; es la única manera" Albert Einstein.
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domingo, 13 de marzo de 2016

Decir la verdad (duele) y no es negocio

Lean esta historia ocurrida en un pueblo de España basada en hechos reales.


"Corría el año 1963, yo contaba con 7 años recién cumplidos, acababa de terminar de comer y me fui -como decíamos-, "a la escuela de por la tarde". Llegando al colegio me encontré con el médico del pueblo caído en el suelo, por lo que decidí ir a socorrerle; en esto llegó la señora que trabajaba en la casa, y me vio intentando levantarle. Ella, asustada, le preguntó que qué le ocurría. A lo cual no contestó, y entonces dijo una chica que andaba por allí, que respondía al nombre de Esperanza: ¡qué trompa lleva Don Antonio!
Empezó a llegar más gente al oír el revuelo y, según iban preguntado por lo sucedido yo respondía con la inocencia de un niño: ¡Don Antonio se ha desmayado porque está más borracho que una cuba!, difundiéndose mis palabras como la espuma, debido a que era una especie de hora punta en el pueblo. 
Unos minutos más tarde, entramos en fila con Don Florencio, el maestro. Para mi sorpresa, se presentó la esposa del médico en clase para preguntarle: ¿Quién ha sido el niñato que ha dicho que mi esposo, el médico del pueblo, estaba "más borracho que una cuba"? El maestro preguntó que quién había sido aquel que había dicho semejante bulo (y eso que lo habíamos visto más de 200 alumnos de la escuela). Mis compañeros me señalaron como el responsable; seguidamente, mi querido maestro me dijo: ¿Has sido tú el que ha dicho tal infamia? A lo que respondí:"Yo no he dicho ninguna infamia, he dicho la verdad de lo que he visto". Antes de terminar de hablar, me cayó, literalmente, la del pulpo. Y así es como me pasé una tarde entera, desde las 3:30 hasta las 8 de la tarde, de rodillas, con los brazos en cruz y con media docena de libros sobre mis manos. 
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